No soy emprendedor, soy constructor

Tengo muchos proyectos en marcha y no le dedico el cien por cien a ninguno. Tardé años en ver que no era un defecto, sino mi rol.

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Durante mucho tiempo me sentí culpable. Empezaba proyectos con una energía enorme —seis horas seguidas una noche cualquiera—, los lanzaba… y me aburría. Pasaba al siguiente. Siempre pensé que me faltaba constancia.

Hoy lo veo de otra manera: no soy emprendedor. Soy constructor.

Emprender es una carrera de fondo: vender, hacer marketing, insistir durante años en lo mismo. Hay gente brillante haciendo eso, y suele ser gente a la que construir no le apasiona. A mí me pasa justo al revés: me encanta resolver el problema, dar con la pieza que faltaba, ver cómo algo que solo existía en mi cabeza empieza a funcionar. Cuando está publicado, el reto se acabó.

Lo importante no es tener todas las capacidades, sino saber cuál es la tuya. Cuando lo asumes, dejas de forzarte a ser quien no eres y empiezas a buscar a quien complemente lo que tú no haces.

Por eso comparto casi todo en abierto. Lo que construyo no se queda en un cajón: lo puede usar quien quiera, mejorarlo o llevarlo más lejos de lo que yo lo llevaría.

Yoleo es la excepción que confirma la regla: la idea con la que llevo peleando desde 2013. Pero esa historia merece su propia nota.